Mis experiencias en Casa de Esperanza

Mi nombre es Thomas y soy de Alemania, viajé a través de América Central cuando me puse en contacto con la Casa de Esperanza y pedí por un lugar para ser voluntario. Cuando llegué a la escuela al comienzo de junio de 2015 me presentó el Profe Reynaldo a todos los maestros allí. También había otros voluntarios y muchos niños corriendo en el campo. Como no hay una alta jerarquía entre los maestros locales y los voluntarios, decidí incorporarme al grupo.

Podría trabajar libremente y elegir cómo usar mis fuerzas para ayudar lo mejor posible. Empecé a ayudar en la clase de inglés y apoyé al maestro Héctor en la clase de técnica. También dirigí un curso de computación enseñando a los niños a hacer una presentación y como me encanta el deporte hice muchas actividades deportivas con los niños.

Los niños eran tan amables y respetuosos como nunca había imaginado. Llegan  desde muy lejos y viven en pequeñas aldeas. La escuela les ofrece una educación con una visión global, especialmente para las niñas, ¡pero también siempre recuerda su origen Maya!

Tres veces al día comíamos juntos en el comedor, tortillas y frijoles, cocinado encantados con las mujeres locales. Los voluntarios pueden ayudar mucho aquí ya que la organización no tiene ánimo de lucro y se hace muy difícil a pagar a los maestros y las cocineras, comprar material de la clase y alimentos.

Tuve uno de los mejores tiempos allí, pero por desgracia tuve que dejar la escuela en agosto para coger un avión y volver a mi tierra.

Thomas