’15 días de voluntariado en Ochoch Hik’eek’

Voy a empezar por el nombre, me llamo Raquel, la edad y la nacionalidad no creo que sean muy importantes, de años se va cambiando y las nacionalidades se van sumando. Viajando por Centroamérica llegué a Flores, Guatemala, cruzaba frontera desde México. El primer día en la isla conocí a Julio Holgado, al que se le terminaban las vacaciones y regresaba a España en un par de días. Justo aquel día el llegaba también a Flores, después de pasar 2 semanas en un voluntariado en Poptún ( a 2horas de allí). Me explica parte de su experiencia y me pasa los contactos, a los 3 días estoy en Poptún, en Casa de la Esperanza.

Julio me advirtió de que aquel lugar era una experiencia increíble, y yo doy fe. Anímense a pasar por ese hermoso lugar. Creo que es una oportunidad única, para conocer bien de cerquita una Guatemala que se desconoce.

El voluntariado fue breve, pase dos semanas allí, 10 días con los niños y el resto trabajando con el equipo docente (los niños pasan internados 15 días allí, luego van para sus casas, así sucesivamente durante el curso escolar). Mi labor los días que los patojos anduvieron en la escuela, consistía en uno por uno realizarles una pequeña entrevista para poder reflejar sus datos personales en unas fichas técnicas. Fue un trabajo engañoso, pues más que trabajo era un placer tener un ratito con cada uno de ellos para poder conocerlos un poquito.

En Casa de la Esperanza tuve la oportunidad de vivir una parte de Guate que desconocía, pude tratar de cerca con su gente, conocer con sus palabras y acciones su cultura. Me ayudó a ello el regalo que me hicieron las patojas desde la primera noche al pedirme que durmiera con ellas en la habitación, aquello me permitió durante 10 días ser un poco patoja guatemalteca, y también me ayudó la oportunidad que me dio el profesorado al compartir conmigo su trabajo, su confianza y humildad me hicieron sentir docente guatemalteca, pero no solo eso, no me podría olvidar de Flora y Magda, las cocineras de la escuela, que intentaron enseñarme a tortear, y creo que al final lo conseguí. Además Flora me dio la oportunidad de visitar su hogar y compartir junto a su familia unas bonitas horas, en diferentes ocasiones, sintiéndome así también parte durante una ratito de Guatemala.

He aprendido a machetear, a tortear, a levantarme a las 4 (…casi 5, porque era la última en levantarse) de la mañana, a dormirme a las 20,30. He podido ir a clases de nuevo, y ver una educación alternativa, que apuesta por un ser humano íntegro y capaz de decidir por sí mismo, la cual además, intenta seguir difundiendo la grandeza de su cultura a través del conocimiento de la Cosmovisión Maya y el respeto hacía el resto de culturas. He tenido la suerte de conocer a unas personas increíbles, de convivir con ellas, de aprender de ellas, de intercambiar con ellas.

B’antiox casa de la esperanza por abrirme las puertas de un instituto, de un hogar, por abrirme las puertas de Guatemala. Gracias por esta experiencia, que lejos queda de poder ser calificada.

Vayan ustedes mismos, para poder entender a lo que me refiero. Es un regalo, que está en manos de uno mismo dárselo para vivirlo.

Raquel