Necesitas ir y descubrirlo por ti mismo

Cuando llegué a Guatemala, estaba buscando una escuela para trabajar como voluntaria. Hice una pequeña búsqueda en internet y busqué organizaciones mientras viajaba. Encontré el Instituto “Casa de la Esperanza” en la web y contacté con Sergio para ver si necesitaban ayuda, y unas pocas semanas después, allí estaba.

Al principio no sabía que me iba a encontrar, he viajado mucho, pero la cultura de Guatemala es muy diferente a lo que yo estoy acostumbrada, además de que hablo muy poco español. Mi trabajo como voluntaria consistía en dar clases de inglés. Después de mi primera clase, sabía que iba a ser difícil marcharme de la escuela.

Lo que más me sorprendió de Casa de la Esperanza es lo duro que trabajan los chicos y las chicas (algunos de ellos sólo tienen 12 años). Después de todas las clases, los estudiantes llevan a cabo el mantenimiento de la escuela (limpian, cortan la hierba, ayudan en la cocina…) y todo ella a través de comisiones que dirige una Junta Directiva formada por ellos mismos.

Muchos de ellos hablaban un poco de inglés que habían aprendido a través de Sergio, un voluntario que estuvo antes que yo, pero la mayoría tienen un nivel muy básico, y la mayoría nunca habían hablado inglés con nadie. Durante los tres meses que he estado en el Instituto, ellos trabajaron duro, y me di cuenta del cambio en su nivel de inglés. Yo también he aprendido mucho español de ellos, viviendo en un lugar dónde solo se habla español y q’eqchi.

Además de las clases de inglés, también trabajaba en sesiones individuales con los estudiantes que así lo quisieran, estuve traduciendo parte de la web al inglés, me encargué algunos días de vigilar el estudio y ayudaba a Flor y a Magdalena en la cocina a hacer tortillas.

El funcionamiento de la escuela era perfecto, desde mi punto de vista. Dos semanas de trabajo intensivo y otras dos libres, así que podía viajar y explorar todas las maravillas de Guatemala, visitar Belice, México y las comunidades donde vivían los estudiantes.

Le recomendaría a todo el mundo que pueda hacerlo, que vaya a Casa de la Esperanza a echar una mano. No puedo expresar con palabra lo impresionante de esta experiencia, necesitas ir y descubrirlo por ti mismo.