Todo se puede y tiene su magia

Hola a todos! Me llamo Denisa Žuffová y soy de Eslovaquia. En febrero de este aňo, concretamente el día 10 de febrero, se empezó a cumplir uno de mis sueňos. Sí, no cuento allí mi viaje de Cancún a Poptún, porque eso para mí y mis piernas largas era un pequeňo trauma, ya que los autobuses están hechos para la gente con altura mexicana o guatemalteca. Tampoco cuento el primer y el segundo día cuándo llegué a la escuela Casa de Esperanza, porque al venir por la noche después del viaje tan largo y cansino (y menos mal, que gracias a los consejos de otro voluntario me lo dividí en dos días) al salir del taxi mi primera pregunta era: ¿Denisa, dónde te has metido? ¿Qué estás haciendo? ¿Vas a aguantar? ¿Pero es esto lo que siempre tanto querías? 

Al día siguiente otras chicas voluntarias me enseñaron la escuela, y yo me quedaba sin palabras, no sabía ni que decir, y eso que yo soy una persona bastante habladora. La escuela y su alrededores me encantaron, mucha naturaleza, tranquilidad y paz era lo que había en el aire. Aunque no os voy a mentir, la vida lavando la ropa a manos, no me la sabía imaginar antes y tampoco la ducha sin agua caliente,  la casa sin luz de vez en cuándo o compartiendo la habitación con personas que no conozco.

 

-¡Sí, ahora puedo decir, que todo se puede y tiene su magia! Pero la magia verdadera de todo esto vino el día 10 de febrero, eran los patojos. Son la vida de la escuela. Si antes tenía dudas si aguanto más de 2 días ahí, al conocer a los niňos sabía que esto va a ser una experiencia increíble e inolvidable, y que al irme iba a llorar de tristeza y alegría a la vez.

Y empezó la vida auténtica. Desayuno a las 6:30 cada día, la comida que constaba en tortillas de maíz y frijol, que me encantaba, pero mi estómago empezó a quejarse en unos días. Comida a las 12:30 y la cena a las 18:15. Los descansos jugábamos juegos de mesa, aprendimos muchos trucos de cartas y más adelante también ping-pong o volleybal. También fuimos a una excursión todos juntos y me encantó.

Yo daba las clases de inglés y tengo que decir que el primer momento era un shock para mí lo que se refiere al nivel del idioma. Pero no duró nada, con los juegos o competiciones en las clases de inglés, los niňos se reían y querían aprender y eso me hacía feliz

 

 Pero como todos sabemos, mientras una hace los planes de la vida, la vida es la que le hace los planes a ella, así fue en mi caso también. Como he dicho antes, mis expectativas se han cumplido. Me fui llorando, con sentimientos mezclados. Mucha tristeza de no poder despedirme de los patojos, profes, cocineras, mucha rabia de que todo esto se acabara así (sí, la pandemia del Coronavirus me hizo irme mucho más pronto de lo que tenía planeado). Pero tengo que decir que me he ido contenta también, contenta por conocer la gente tan maravillosa.

Quiero dar las gracias a todos. Voy a empezar por Sergio por crear todo esto y por tener oportunidad de estar ahí. A las voluntarias que me han acogido: Dani, Sara, Isa, Rebeca, que desde el primer momento sabía que lo vamos a pasar bien ahí. Por el viaje juntas haciendo autostop, por muchas risas, bailes, jugando yatzi, y por los momentos que pasamos juntas encerradas haciendo la cuarentena. A otros voluntarios que estuvieron: Veronika, Frederic y Julia. A todos los profes: Julio, Moisés, Noel, Oseas, Marisol, Sharon, Viki y Don Salvador por estar siempre ahí para nosotras y ayudarnos en lo que sea. También les doy gracias a las cocineras Rita y Magdalena por preparar la comida buena y servirnosla siempre con una sonrisa en la cara.

Pero sobretodo a mis gran profes, que aunque he venido a dar las clases de inglés, son ellos que me han dado la clase de la vida.  Me han enseňado mucho, sobretodo agradecer las pequeňas cosas, porque al final son cosas grandes de las que nosotros no nos damos cuenta. Y aunque no son ricos económicamente, tienen otra riqueza que vale mucho más que el dinero, son sus corazones y sonrisas. El poco tiempo que hemos pasado juntos me ha encantado y nunca me olvidaré de ellos. Tarde o temprano, volveré. ¡Un abrazo muy fuerte!

 

Denisa 

Abril 2020