Voluntariado de Angélica en Casa de La Esperanza

Esta historia inicia en mayo de 2018 cuando una vez más me aventuré a conocer el mundo de otros en un intento por aportar algo desde lo que soy; para como siempre, salir privilegiada al recibir más de lo que imaginaba encontrar.

Poptún, municipio del Departamento de Petén, en Guatemala, me recibe en una tarde de sábado lluvioso para comenzar a escribir este capítulo atemporal, mágico y energizante de mi vida. Es allí donde está localizada Casa de La Esperanza, el Instituto Maya OchochHik´eek, del cual todos conocen en Poptún, pero del que no dan mayor detalle porque las palabras no logran describir a OchochHik´eek, es necesario estar allí.

Inicia el plan de junio y los sonidos de la naturaleza que durante un receso de dos semanas han extrañado a las patojas y patojos, se rompen con el murmullo, las risas y la camaradería de estos humanos inteligentes, alegres, creativos, amorosos y maravillosos, que están de vuelta en el cole.

Los días de plan, son días que se fusionan con las noches, jornadas largas de trabajo e intensos aprendizajes.Son las clases, almuerzos compartidos, talleres colectivos, cenas divertidas, domingos de pelis y deportes, además de las placenteras noches bajo el mismo techo,las que sumergen a patojas, patojos, voluntarios y profesores en una atmósfera de cooperativismo, solidaridad, respeto, confianza y tenacidad. Cada ser es tan único y tan importante en Ochoch Hik´eek, que logras entenderlo desde el principio de los días, y sobre esa lógica cada uno encontramos nuestro lugar, porque entre todos hacemos una sabiduría.

Durante mi estadía en Poptún, tuve la oportunidad de hacer radio y asistir a reuniones relacionadas con causas civiles, entender las luchas del pueblo guatemalteco y maya q´eqchí, para decantar esta realidad en el ecosistema de las niñas y los niños de OchochHik´eek.

Sin lugar a dudas mi experiencia impartiendo los talleres de liderazgo para mujeres representa la síntesis de lo significativo que sería iniciar el diseño de procesos enfocados al empoderamiento. y para las mujeres que participaron de ellos, la posibilidad de tejer caminos para la comprensión, determinación y resolución de realidades que las implicaban directamente y sobre las cuales solo ellas podían tomar decisiones, siendo ellas mismas.

Los talleres de mujeres se mudaron a la radio de Poptún, y lo que empezó a elaborarse en la radio migró a las selecciones musicales de la escuela, y las selecciones musicales dieron lugar a círculos de mujeres que se llevaban a cabo en las noches, mujeres componiendo canciones, hombres produciéndolas y murales artísticos hablando de una lucha que las mujeres indígenas y guatemaltecas viven diariamente.

A estas mujeres de Casa de La Esperanza, todo mi cariño, respeto y admiración para que sus caminos continúen haciéndolas fuertes y siempre alegres. A todos los maravillosos hombres que entraron en sintonía de una convivencia simétrica, toda mi admiración y cariño.

A los profesores, mi afecto por todo lo compartido, mis lecciones de q´eqchí siguen intactas y el valor de la confianza aprendido con ustedes, jamás lo olvidaré. A mis compañeros voluntarios, mi hermandad. A los nuevos voluntarios, mi energía para que puedan multiplicarla en OchochHik´eek, y a quienes no conocen OchochHik´eek y están leyendo esta reseña, los aliento a que se aventuren a conocer este mundo, mágico, cálido, de fuertes realidades, profundos aprendizajes y lazos indestructibles, el cuál recibe con profunda gratitud a cada ser y lo que este representa.

Aquí finaliza esta historia, [ahora mismo escucho las ranas croar detrás de la zona verde, seguido del estridular de las cigarras]…, “debe ser porque otro plan está por comenzar”.

 

¡B´antiox Casa de La Esperanza!

 

 

Angélica García. Colombia.
26 de marzo de 2019.