Les compartimos la experiencia de nuestra voluntaria de Chile Paula Gisolle en su visita a las comunidades.

Esta fue mi primera visita a una aldea. Marta Lidia, estudiante q´eqchí me abrió las puertas de su humilde casita, y ahí estuve cinco días con los cuatros hijos y los papás. (Algo poco común el ser una familia con tan pocos hijos). Todos hablan qeqchi, y sólo Marta Lidia y su papá entienden español. Aunque no quise, los padres de Marta Lidia me cedieron su cama mientras ellos dormían en hamacas. 

Apenas llegué me recibieron con unos pescados en hojas bañados en chile. Al otro día fueron por pollo, también pescamos y me prepararon sopa de cerdo asado. Pero sabía que no solían comer esos manjares tan seguido.

Pude conocer un poco más la cultura q´eqchí y acercarme a las niñas y mujeres de las familias por medio de la cocina, su principal espacio. Ahí pude constatar que a todas, sin excepción, las habían casado muy niñas. Puede llegar cualquier hombre a pedirlas en matrimonio y si el padre no puede mantenerla o simplemente le parece bien, se la llevan. Y si por alguna razón, ningún hombre las pide en matrimonio, ellas no pueden salir mucho a la calle, y menos cerca de un hombre, esto da para que hablen mal de ella y entonces, nunca la pidan en matrimonio y así nunca salgan.

En esta aldea vivía Jorge, otro niño q´eqchí de nuestro colegio y como tenía varicela lo pasé a ver. en su casa viven él y sus 9 hermanos con sus familias. Precisamente cuando llegué estaba toda la familia reunida porque estaban cambiando el techo de la casa, era una fiesta.

También el profesor de la escuelita de la aldea me invitó a su multiclase, él hace milagros con 3 niveles haciéndole clases él solo.

Cuando ya me venía, Mundo, el hermano menor de Marta Lidia, me dijo medio en q´eqchí y español «¿cuándo vuelves? Yo no quiero que te vayas, si acá siempre tenemos pollo para comer» me emocionó, le respondí que volvería aunque no me dieran pollo. Pero no se si me entendió…