Más de lo que podía haber imaginado

Tuve la increíble oportunidad de ser voluntaria en Ochoch Hik’eek, y estoy muy triste porque tiene que terminar.

Me tropecé con la escuela a través de un sitio web que conecta a los voluntarios y las organizaciones y no podría estar más agradecida por esto. Aunque la ayuda que más necesitaban durante mi tiempo en la escuela era la traducción de la página web, la trabajadora social que hay en mí estaba deseando tener la oportunidad de participar con los niños y conocer un poco de sus vidas. Tuve la oportunidad de interactuar con los estudiantes todos los días, ya fuera durante sus descansos, mientras comían en el comedor, durante la hora de estudio o al mismo tiempo que ayudaba en su clase de Inglés. Los chicos mostraban tanta curiosidad acerca de mí, como yo hacia ellos.

Junto con otra trabajadora social organizamos una tarde de actividades para animarles a hablar en público, reforzar la autoestima y ​​la unificación. Debido a que los horarios de los alumnos ya están programados, tuvimos que obtener el permiso del director, Reinaldo, para cancelar una de las clases con el fin de llevar a cabo las actividades. Él acepto nuestra petición, e incluso nos animó a realizar más actividades con los niños, entendiendo lo beneficioso que sería para los estudiantes.

Aparte de las increíbles cocineras, Flor y Magdalena, otra voluntaria y yo éramos las únicas mujeres que trabajaban en la escuela, y parecía que las chicas apreciaban tener más mujeres alrededor. Una noche, presentamos a los estudiantes la oportunidad de hacer pulseras de lana que habíamos comprado en la ciudad y fue un gran éxito con las chicas … y con los chicos también.

Entre hablar con los estudiantes y las actividades que realizamos, llegué a conocer más a algunos de ellos y me dieron la increíble oportunidad de visitar la comunidad de 2 de las chicas. Después de que el plan de dos semanas hubiera terminado, me fui con las chicas a su comunidad a las afueras de Poptún. Allí me quedé con sus familias durante un par de noches y aprendí más sobre su vida de lo que jamás pudiera haber imaginado. La generosidad, apertura y humildad que experimenté de sus familias era diferente a todo lo que he experimentado antes y estaré eternamente agradecida por eso.

Fue un final emocional para dos semanas increíbles y fue triste dejar a los estudiantes y el instituto. Para mí, fue una gran oportunidad para aprender más sobre la cultura maya y comprender mejor Guatemala, su gente, sus desafíos y su belleza. Me siento muy afortunada de haber tropezado con la oportunidad de trabajar en el instituto y siempre permanecerá en mi corazón y en mis pensamientos. Tengo la esperanza de volver en un futuro próximo.

Jenice